De
antemano, cabe decir que el caso del menor responde a ciertas características
individuales.
Este
retraso no está relacionado con su nivel de inteligencia. De hecho, los niños
con trastornos del desarrollo del lenguaje, por lo general tienen una
inteligencia promedio o por encima del promedio. Usualmente tienen problemas
con las habilidades del lenguaje expresivo y receptivo antes de los cuatro años
de edad.
Tiene
como propósito principal reflexionar sobre el desarrollo de la comunicación y
de la interacción social en la etapa pre verbal; momento evolutivo que
considero olvidado en el campo de la
logopedia.
Creo
que como profesionales que trabajamos en esta disciplina debemos de tomar parte en su evaluación e intervención
en el ámbito de la Atención Temprana, con las repercusiones que esto pueda
tener en cuanto a una mayor presencia de los logopedas en el tramo de 0 a 3
años.
Opino
que como profesionales debemos poseer un conocimiento profundo sobre este tema,
porque se trata de un periodo evolutivo en el que se desarrollan los pilares
fundamentales sobre los que se asentará el futuro lenguaje oral.
También
permitirá una mayor comprensión sobre las razones por las cuales algunos
niños/as llegan a la edad de 3 años sin hablar y sin comunicarse. De este modo,
se entenderá que para lograr que el niño/a hable no bastará con trabajar
directamente sobre el lenguaje oral propiamente dicho, sino que habrá que
adentrarse en la etapa preverbal y dotar al niño/a de las herramientas
necesarias para que este emerja de forma natural, mediante una intervención
relacional.
Historial de caso clínico:
Historial de caso clínico:
Los
padres de un niño de 3 años y 5 meses e hijo único de la pareja, acudieron al
servicio de logopedia muy preocupados porque el niño no hablaba, esto después
de que la maestra y directora del menor pidieron se evaluara por medio de un
terapeuta, el menor no tenía interés por comunicarse y era poco sociable. La
madre lo caracterizó como un niño “muy bueno”, que no solía “molestar” y se
entretenía solo jugando, aunque apuntó que en ocasiones presentaba alguna que
otra rabieta si se le pedía que hiciera algo que no quería, sin embargo existía
la no aceptación por parte de la madre acerca del posible trastorno de
lenguaje. Los padres también comentaron que no existía autonomía en el aseo,
control de esfínteres, vestido y comida. En cuanto al habla presentaba lenguaje
ininteligible y emisión de palabras aisladas, pero para ellos era algo normal.
En
este caso cuando la mamá le mostraba una pieza de algún juego el menor trataba impulsivamente
de alcanzarla sin previo contacto visual con la madre, no fijaba su atención en
la realización de dicho ritual; la madre menciona que el menor solo quería
obtener la pieza e intentar encajarla, el menor mostraba cierta dificultad para
integrar el mundo de las personas y el de los objetos, ya que este hito suele
conseguirse durante la etapa pre verbal, cerca de los 9 meses de edad.
Posible tratamiento:
Una
vez valorado el caso del menor se consideró necesario un tipo de intervención
relacional para conseguir que el niño se interesara por el mundo de las
personas, lo integrara en su atención por los objetos (atención compartida) y
progresivamente fuera dejando atrás ese aislamiento social.
Para
la consecución de dichos objetivos se realizaron distintas actividades, se seleccionaron aquellas que exponen las
cuestiones que favorecieron los cambios positivos en la evolución del niño. El
“encajable” es una de las actividades que representa un tipo de estrategia
llevada a cabo durante la intervención, cuyo nombre hace alusión al propio
objeto utilizado.
A
estas actividades también se les tratará con el nombre de formatos porque
fueron pensadas siguiendo la definición dada por J. Bruner (Bruner, 1984) que
define, de esta manera, a toda actividad encuadrada en un marco
espacio-temporal que se repite siempre de la misma forma y en el mismo lugar.
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