lunes, 23 de enero de 2017

TRASTORNO DE LENGUAJE

De antemano, cabe decir que el caso del menor responde a ciertas características individuales.

Este retraso no está relacionado con su nivel de inteligencia. De hecho, los niños con trastornos del desarrollo del lenguaje, por lo general tienen una inteligencia promedio o por encima del promedio. Usualmente tienen problemas con las habilidades del lenguaje expresivo y receptivo antes de los cuatro años de edad.

Tiene como propósito principal reflexionar sobre el desarrollo de la comunicación y de la interacción social en la etapa pre verbal; momento evolutivo que considero  olvidado en el campo de la logopedia.

Creo que como profesionales que trabajamos en esta disciplina debemos de  tomar parte en su evaluación e intervención en el ámbito de la Atención Temprana, con las repercusiones que esto pueda tener en cuanto a una mayor presencia de los logopedas en el tramo de 0 a 3 años.

Opino que como profesionales debemos poseer un conocimiento profundo sobre este tema, porque se trata de un periodo evolutivo en el que se desarrollan los pilares fundamentales sobre los que se asentará el futuro lenguaje oral.


También permitirá una mayor comprensión sobre las razones por las cuales algunos niños/as llegan a la edad de 3 años sin hablar y sin comunicarse. De este modo, se entenderá que para lograr que el niño/a hable no bastará con trabajar directamente sobre el lenguaje oral propiamente dicho, sino que habrá que adentrarse en la etapa preverbal y dotar al niño/a de las herramientas necesarias para que este emerja de forma natural, mediante una intervención relacional.

Historial de caso clínico:

Los padres de un niño de 3 años y 5 meses e hijo único de la pareja, acudieron al servicio de logopedia muy preocupados porque el niño no hablaba, esto después de que la maestra y directora del menor pidieron se evaluara por medio de un terapeuta, el menor no tenía interés por comunicarse y era poco sociable. La madre lo caracterizó como un niño “muy bueno”, que no solía “molestar” y se entretenía solo jugando, aunque apuntó que en ocasiones presentaba alguna que otra rabieta si se le pedía que hiciera algo que no quería, sin embargo existía la no aceptación por parte de la madre acerca del posible trastorno de lenguaje. Los padres también comentaron que no existía autonomía en el aseo, control de esfínteres, vestido y comida. En cuanto al habla presentaba lenguaje ininteligible y emisión de palabras aisladas, pero para ellos era algo normal.

En este caso cuando la mamá le mostraba una pieza de algún juego el menor trataba impulsivamente de alcanzarla sin previo contacto visual con la madre, no fijaba su atención en la realización de dicho ritual; la madre menciona que el menor solo quería obtener la pieza e intentar encajarla, el menor mostraba cierta dificultad para integrar el mundo de las personas y el de los objetos, ya que este hito suele conseguirse durante la etapa pre verbal, cerca de los 9 meses de edad.

Posible tratamiento:

Una vez valorado el caso del menor se consideró necesario un tipo de intervención relacional para conseguir que el niño se interesara por el mundo de las personas, lo integrara en su atención por los objetos (atención compartida) y progresivamente fuera dejando atrás ese aislamiento social.
Para la consecución de dichos objetivos se realizaron distintas actividades,  se seleccionaron aquellas que exponen las cuestiones que favorecieron los cambios positivos en la evolución del niño. El “encajable” es una de las actividades que representa un tipo de estrategia llevada a cabo durante la intervención, cuyo nombre hace alusión al propio objeto utilizado.
A estas actividades también se les tratará con el nombre de formatos porque fueron pensadas siguiendo la definición dada por J. Bruner (Bruner, 1984) que define, de esta manera, a toda actividad encuadrada en un marco espacio-temporal que se repite siempre de la misma forma y en el mismo lugar.




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